No voy a hablarles de viajes, ni de ideas de rutas por pueblos o de como me gusta explorar pueblos, ni de lugares que me inspiraron o de formas de organizar un viaje. Eso es de hecho lo que siempre cuento en el blog o en mi Instagram. Pero no irá de eso este post. Les voy a contar de como analizo y creo que evolucionará el turismo durante y después del coronavirus, de como imagino los escenarios posibles. Intento de algún modo acercarme a la forma o el modo en que volveremos a viajar una vez se supere la crisis del coronavirus. De cuales son las posibilidades que imagino para esta industria que vive una de las crisis más importantes de su historia.

Turismo y Coronavirus
Esta foto es una de las últimas capturas que hice en la estación central de tren de Edimburgo, unos días antes de regresar a mi país ante el cierre de rutas aéreas.

Antes de empezar, me siento en la obligación de decir lo que tal vez es obvio pero necesito agregar: que yo también tengo preocupaciones más elementales que lo de pensar el turismo, y vivo en una montaña rusa de angustia y de subidones momentáneos estos días. Que me despierto cada día pensando que la supuesta pesadilla de la noche era mejor que el abrir los ojos y recordar que vivimos en un momento distópico de la humanidad (que creíamos propio de las películas catástrofe).

Y también decir que por momentos tengo un rechazo biológico a leer las noticias de los diarios por miedo a entrar en pánico, que me angustian las cifras de estos días que hablan de vidas aunque nos lleguen demasiados números. Con esto quiero decir, que no son precisamente los viajes el centro de mis preocupaciones. Simplemente que quiero pensar esta parte tan importante de mi vida y de mi trabajo (los viajes y la comunicación de viajes) porque se que además de por la pandemia en sí muchos de quienes vivimos y trabajamos en esto también estamos preocupados en ese aspecto.

Hablar de sanidad y de tratamientos y vacunas se lo dejo a los que saben: la ciencia y los especialistas en ello. Por mi parte, soy un entusiasta indeclinable de la ciencia, y soy alguien que rechaza al instante todo tipo de bulos y teorías conspiranoicas que circulan estos días acerca del coronavirus. Si están esperando una teoría conspiranoica sobre este virus en mis reflexiones, los invito a salirse y no seguir leyendo porque nada de eso van a encontrar.

Voy hablar en específico de como imagino el turismo en el mundo los próximos meses desde mi lugar y mi formación basado en datos y proyecciones que obtuve y obtengo de parte de datos científicos. Siempre basado en información fiable que provienen de organismos oficiales. En concreto voy a hablar de como los distintos escenarios podrían afectar el turismo y los viajes en los próximos meses.

Además de las consecuencias de esta pandemia en el sector, voy a intentar analizar como pienso que podría ser la recuperación en distintos escenarios posibles. Voy a ir de lo peor a lo mejor, analizando varias hipótesis o proyecciones que pienso estos días proyectando tanto los escenarios más negativos como los más positivos.

Escenario pesimista (actual): no aparece un tratamiento paliativo para el coronavirus y hay que esperar una vacuna.

Por razones que pueden encontrar en numerosas explicaciones científicas, sabemos que una vacuna no es algo que pueda aparecer de aquí a un mes ni a pocos meses. Una vacuna es un tema complejo de desarrollar y explicar, pero es un proceso que requiere muchos protocolos, pruebas y pasos legales. Esto lleva mucho tiempo, hasta un mínimo de un año según muchas estimaciones. Por lo tanto una vacuna para el Covid-19 es algo difícil de esperar en el mediano plazo.

La opción más optimista sería el que la ciencia encontrara un tratamiento paliativo antes de que aparezca una vacuna. Pero supongamos que ese tratamiento paliativo aún no aparece en los próximos meses. Ese (un escenario sin vacuna ni tratamiento paliativo) sería si se quiere el escenario más pesimista, tanto pensando por supuesto en vidas humanas, como en restricciones. ¿Cómo afectaría este escenario al turismo?.

Con un escenario así, habría que afrontar una proyección de meses más que difíciles para la industria turística, tal vez incluso de un año o más. La situación sería la siguiente: los países deberían afrontar las restricciones con políticas estrictas de aislamiento social, campañas y controles de higiene estricta en cada ciudadano, restricciones de distinta índole al comercio, a la circulación de personas, cancelaciones de vuelos segmentados por países o regiones afectadas o incluso de cierres casi totales del espacio aéreo.

Hablaríamos de un escenario de restricciones basadas en medidas de cada gobierno para controlar los brotes y la circulación del virus. El objetivo primordial debería ser mantener el famoso índice de contagios de un modo bajo para controlar la famosa curva del Covid-19.

En este escenario el turismo lo tendría todo más que complicado. Siendo que no contaríamos ni con inmunidad para el virus, ni con tratamientos ni vacuna, regular la curva de contagios para no desbordar los sistemas sanitarios implicaría meses y meses de restricciones variables en todos los aspectos de nuestras vidas (circulación, trabajo, ni hablemos de entretenimiento). Esto sería letal para el turismo.

Traducido, en un escenario así nadie pensaría en otra cosa que en cuidarse a sí mismo (a excepción de una minoría de irresponsables que estuvo saliendo en noticieros por sus comportamientos egoístas). Los aeropuertos y vuelos seguirían siendo limitados a mínimos por meses. Probablemente solo se autorizarían vuelos entre países para repatriaciones, o por temas laborales estrictos o de sanidad. Pero nadie podría viajar por turismo o por placer ni querría hacerlo.

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Al mismo tiempo, sería muy probable que los países aún si autorizaran vuelos, ante la necesidad de mantener la curva de contagios controladas exigirían un período de cuarentena a cualquiera que ingresara al país. Probablemente las restricciones de todo tipo irían descendiendo lentamente a lo largo de los meses a medida que el número de contagiados en cada país va aumentando y adquiriendo inmunidad.

Sin duda sería un mundo en el que tendríamos que cambiar y sostener durante meses un cambio drástico en nuestras vidas. Un mundo en el que los países irían día a día anunciando levantamientos o endurecimientos de las restricciones en función de la evolución local o regional. Y donde por supuesto, viajar por placer sería algo imposible de planificar por la incertidumbre constante ante las medidas de confinamiento, pero sobre todo por el miedo al coronavirus.

La duración de este escenario hasta la aparición de una vacuna sería de un año o más. Aunque repito, que imagino que esas medidas de confinamiento tenderían a disminuir en cámara lenta. Además, podría haber variantes estacionales en la circulación de virus (imagino que el verano puede contribuir a flexibilizar un poco las medidas en algunos países). Pero en resumen, este escenario pesimista además de sus graves implicancias en términos sanitarios, vidas, etc., sería casi letal para la industria turística.

Escenario intermedio: no hay vacuna ni tratamiento pero aparecen opciones para flexibilizar el confinamiento.

Este es un escenario semi-optimista o semi-pesimista según se mire. Imaginemos que no aparece un tratamiento que responda bien en todos los pacientes. En este caso habría que imaginar un escenario similar al del punto anterior. Ahora bien, podría suceder que no aparece un paliativo, pero que los estados van encontrando un modo de contener el virus a través de medidas de detección temprana de posibles infectados o incluso de confinamiento estricto de quienes puedan ser considerados sospechosos, asintomáticos, etc..

No olvidemos que los casos asintomáticos son uno de los principales problemas del modo de circulación de este virus que hace que las medidas de confinamiento sean inevitables para contenerlo. Es esperable que aunque no aparezca un tratamiento y la vacuna demore, los estados vayan perfeccionando semana a semana el modo de detectar los infectados del Covid19 en cada sociedad, y sobre todo los asintomáticos. ¿De qué modo?. Primero, extendiendo y multiplicando los test a los ciudadanos. Incluso, podrían aparecer nuevas formas más rápidas de hacer los test. Por ejemplo ya hay investigaciones en laboratorios que están avanzando en desarrollar tests de detección casi instantáneos.

Esto podría ser sino una solución, sí al menos una posibilidad de flexibilizar drásticamente las medidas de confinamiento. Imaginemos que se pudiera reducir los períodos de cuarentena de forma individual aplicando estos test y descartando rápidamente los casos sospechosos. O que se pudieran hacer test rápidos en los aeropuertos para detectar contagiados al momento y facilitar los traslados sin miedo a extender los contagios. O lo mismo para el transporte público. También podrían expedirse certificados de inmunidad para quienes ya hayan padecido el Covid-19 (aunque esta es una medida más polémica y poco recomendada porque podría promover el contagio voluntario de quienes quieran obtener ese certificado).

De este y otros modos se irían reduciendo las posibilidades de confinamiento masivo y las restricciones se harían más segmentadas, controlando ciudadano por ciudadano, ciudades o regiones. Al mismo tiempo, se irían flexibilizando las restricciones de la actividad económica.

Por otro lado, la extensión masiva de test haría más «fácil» detectar los casos positivos y aislar los contagiados y sus redes de contagio. Claro que esta medida requiere de un trabajo titánico de los organismos de cada estado, casi a modo detectivesco. Esto ya se está haciendo en países como Corea del Sur con buenos resultados (actualización: el día 29 de abril Corea del Sur tuvo su primer día sin casos positivos de Covid-19).

Es probable que vayan apareciendo y perfeccionándose cada vez más el modo de acorralar y limitar los contagios por parte de cada estado. Aunque de cualquier modo este escenario no alcanzaría para liberar totalmente las medidas de confinamiento, ni para flexibilizar las medidas de higiene, aislamiento social.

Sería un escenario en el que iríamos ganando en libertades gradualmente y en una flexibilización más rápida de las restricciones. Pero de cualquier modo estaríamos a merced de los brotes que podrían ir surgiendo en cada ciudad, barrio o región. Al menos sería un escenario mejor que el del primer punto. Pero definitivamente malo para la industria turística y para los viajes por el hecho de que nadie aún tendrían la confianza para viajar con seguridad a no contagiarse (o a quedar encerrado en un confinamiento estricto repentino en algún punto del planeta). Este escenario «a la espera de una vacuna» pero con mejores métodos de detección de casos positivos de Covid-19 también duraría varios meses o hasta un año y la industria turística tardaría largo tiempo en recuperarse.

Escenario optimista: aparece un tratamiento en las próximas semanas.

Este sería quizás el escenario más optimista posible actualmente (descartando la vacuna que como decía va a demorar meses). A diario salen noticias de que hay estudios científicos en desarrollo con éxito en las primeras pruebas. Claro que hablamos de éxito en ratones, o que aún quedan por hacerse pruebas en humanos que podrían demorar algunas semanas o meses.

De cualquier modo la aparición de un tratamiento efectivo evidentemente lo cambiaría todo. Y ya no hablaríamos del escenario distópico actual ni de un confinamiento estricto. Un tratamiento capaz de neutralizar los efectos del coronavirus en los casos graves, y evitar internaciones, casi seguro sería el fin acelerado de casi todas las restricciones que hoy tenemos.

Sería un escenario optimista y feliz (muy feliz) para la humanidad, en el que todos sentiremos muchas ganas de festejar. En este escenario, empezaría rápidamente una fase de recuperación y dura reconstrucción de las economías de cada país ya sumamente golpeadas. Por supuesto que mientras más se demore la supuesta aparición de un tratamiento efectivo mayor será también el daño económico y más larga la duración de la recuperación. No olvidemos que al hablar de una recuperación, también será en distintas etapas.

La recuperación económica.

En cualquier de estos tres escenarios, al período de afectación del virus y la pandemia hay que sumar el enorme impacto económico. Y según todas las estimaciones, será absolutamente brutal. Esto tanto a nivel individual como a nivel global. Si hablamos del escenario más pesimista, el impacto económico puede ser incluso de una gravedad tal que llevaría un año (y más) reponerse a un nivel previo a la pandemia en sectores como el turístico. Porque de hecho, imaginar en un año completo sin poder viajar por turismo más allá de algún viaje doméstico cercano, puede ser brutal. Pero en cualquiera de los tres escenarios, después del final de la pandemia o de la aparición de un tratamiento vendrán meses de reconstrucción económica, una recuperación que también dependerá del impacto de la pandemia en cada país y de los planes de recuperación de cada gobierno.

En resumen, al impacto y el parón del coronavirus habrá que sumar varios meses más de recuperación y recomposición de las economías de cada país y de cada persona.

Conclusiones finales.

En cuanto a la actividad turística, en cualquiera de los escenarios imagino que la recuperación no será nada rápida. El turismo fue una de las primeras actividades afectadas drásticamente por el avance del virus. Y además será una de las últimas actividades en recuperarse por razones obvias: una vez pasada esta pesadilla, la gente deberá pensar en reconstruir su economía personal duramente golpeada en la mayoría de los casos.

Pensar en viajar y hacer turismo (sobre todo turismo internacional) no será una prioridad para la mayoría de personas y familias. Sobre todo habrá un crecimiento más temprano en el turismo doméstico antes que en los viajes a nivel internacional. Por otro lado todos necesitaremos no solo una recuperación a nivel económico, sino además recuperar la sensación perdida de que movernos es algo «riesgoso». Habrá también un proceso mental que destrabar después de esta pandemia que espero nos haga repensar muchas cosas.

En el escenario más optimista, probablemente se recupere en pocos meses el turismo doméstico, mientras que el turismo internacional tomará más tiempo en arrancar (al menos varios meses). Todo por supuesto, dependerá de los distintos escenario y posibilidades que menciono. Pero de cualquier modo, hay que hacerse a la idea de que la paciencia va a ser un bien preciado en el medio y largo plazo. Tal como dijo el miembro de la OMS Walter Ricciardi, la normalidad total y absoluta solo llegará con una vacuna, y eso para nuestra ansiedad puede ser mucho tiempo.

2 Comentarios

  1. Muy interesante el post. Gracias por exponerlo de una forma tan clara. Ha hecho que me tranquilice y vea desde otro punto de vista esta situación.
    Me «caso» el 8 de agosto y tenemos la luna de miel con la que soñamos, ir a la India. He dicho que me «caso» porque a nivel burocrático no va a ser posible, el registro civil ya nos ha dicho que no contemos con ellos este año. La celebración aun sigue en pie, sobre todo por si al final se puede celebrar, será una celebración de la vida y de que todos los asistentes hemos podido superar esto y una buena forma de empezar a volver a la normalidad. El problema esta en la luna de miel, es un sueño roto o solo aplazado, pero me consuela no ser la única en llevarse tal desilusión. Nos estamos planteando hacer una ruta en coche por España (si nos dejan también Francia, Alemania, alrededores…), como se hacían antes las lunas de miel! Si te sirve como inspiración para otro post, sería de gran ayuda una guía post-coronavirus!

    Muchas gracias, siempre nos sirves de inspiración. Un saludo!

    1. Hola muchas gracias por el comentario, me alegro que sea útil el post de algún modo. Es así, lamentablemente los viajes están demasiado difíciles, sino imposibles por ahora. Pero comparado con otros temas (la economía, el trabajo, y la propia amenaza de la enfermedad por supuesto) no deja de ser un problema menor el tema de los viajes. Uno deseando siempre que todo se normalice porque podamos controlar este virus y reducir su riesgo. Un saludo!

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