No todos los sitios bonitos de una región se promocionan con insistencia desde una oficina de información turística. Hay pequeños pueblos y rincones que aún no han sido puestos en el mapa viajero incluso en continentes tan supuestamente explorados y narrados como Europa. Eso es lo que sucede con tantos pueblos que fui conociendo en mis viajes cuando me pierdo por rutas secundarias y zonas rurales: me concentro en «pueblear».

pueblear
Pueblear es explorar hasta llegar a Tournemire en Francia

Antes de explorar la Francia profunda, no había encontrado demasiada información sobre el pueblo de Autoire, pueblo al que llegué por una recomendación de un anfitrión local. Ni del pueblo de Bagnone en la subestimada Lunigiana italiana. Incluso cuando voy a regiones más célebres y a menudo capaz de considerarse zonas rurales «masificadas» como Cotswolds (no en los términos de Barcelona o París por supuesto), existen auténticas sorpresas como Broad Campden. Lo mismo sucede en Alsacia que tiene su Rosheim o sus pequeños parajes que injustamente se pasan de largo. Larroque-Toirac podría ser la ínfima sorpresa inesperada del Valle del Lot. Cada región tiene su pequeño rincón olvidado por las guías.

Puede suceder eso de encontrar pueblos preciosos e inesperados en regiones también subestimadas. Quisiera insistir con la belleza de Tournemire en la región francesa de Cantal. O por ejemplo, encontrar un paraíso de pueblos bonitos (por ejemplo Tjornuvik) en islas desconocidas para las masas como las remotas Islas Feroe.

Viaje tras viaje fui entregándome a la atracción por sus pueblos, sus calles silenciosas y a veces fantasmales. Al comienzo de mi afición por los viajes, los pueblos no eran más que una escapada o una parte más de los viajes. Con el tiempo se convirtieron en un objetivo, y hoy ya menciono este «deporte viajero» con un «verbo» inventado: pueblear.

Este post lo escribo inspirado en promover la acción de pueblear. Esto es organizar un viaje específicamente para explorar rutas rurales en donde intuyo que puede haber pueblos preciosos que merecen conocerse. A menudo llegar a ellos requiere seguir caminos que ni siquiera tienen el ancho para permitir doble sentido de circulación. Son esos caminos en los que a veces hay que hacerse un lado en el tranquilo camino rural para dejar pasar un coche que viene de frente.

Pueblear casi siempre requiere utilizar un coche. Es que no hay otra forma de descubrir o explorar en estas zonas más que en coche, ya que no están atravesadas ni por grandes autopistas (afortunadamente), ni por transporte público. Como mucho hay un escaso servicio de buses que no es fácil de coordinar en horarios para ir de pueblo en pueblo.

A eso me refiero: pueblear es ir de pueblo en pueblo. En lo posible que sean tan pequeños como para que todos sus habitantes sepan que sos un intruso de rostro no registrado, que creen perdido en el mapa. En eso de pueblear, me ha pasado que sus habitantes me preguntan si necesito ayuda porque me creen desorientado.

Desorientado o no, me he ido convirtiendo en un auténtico aficionado a esta modalidad. Muchos de mis viajes en últimos años fueron organizados con ese fin específico: perderme hasta encontrar alguna joya olvidada de calles y casas que hasta parecen fantasmales.

Hay veces que un hallazgo es por pura serendipia. Seguir un cartel que nombra un pueblo que jamás había pronunciado o leído antes (Como aquella vez por el Baix Empordá en Catalunya), creer que un desvío no supone perder el tiempo. Detenerme a caminar aparcando el coche en algún sitio desolado. En otra ocasión, y nuevamente por serendipia, terminé viviendo una semana en un pueblo precioso, una experiencia que cuento en el post El pueblo más tranquilo del mundo.

Analizo mis tendencias y comportamientos y creo que puedo confirmar que lo mío es patológico: hasta busco barrios con aspecto de pueblo en las grandes ciudades en las que estoy de paso. Para mí es un alivio caminar por Dean-Village dentro de Edimburgo, o encontrar una zona como Kuzguncuk en Estambul. Así me animo a pueblear (intentar encontrar zonas con aspecto de pueblo) dentro de las megaurbes más extensas del planeta. Creo que buscar esos rincones en las urbes que aún no se entregaron a los ladrillazos locales es uno de los motivos por los que aún puedo vivir un mes completo en ciudades como Estambul.

El acto de pueblear, es en definitiva un alivio y una esperanza. Un modo de mantener encendido el espíritu de la exploración, la curiosidad y hasta la aventura que supone el acto de viajar. Aún en los continentes más explorados, en las regiones más dibujadas en mapas, catalogadas y llenas de reviews en webs de viajes, es posible encontrar sitios que no te los cuenta nadie. Pueblear es el placer de caminar y sentir que podrías estar en el siglo que elijas imaginar antes de que saques el teléfono para capturar algún rincón. Es una forma de viajar slow, de disfrutar además de la naturaleza. Una de mis formas favoritas es pueblear, y si el viaje comienza cuando empezamos a planificarlo, mi verbo comienza cuando empiezo a marcar algunos puntos posibles en el mapa mientras pienso todo lo que puedo descubrir entre uno y otro perdido en alguna campiña.

* Hace muy poco hice este post con 7 pueblos poco conocidos para inspirarse a pueblear por Europa. En ese post escribía sobre diez mandamientos para pueblear:

Los 10 mandamientos para pueblear

Estos son los que considero diez buenos consejos y reglas para salir a a recorrer pueblos pequeños en cualquier parte del mundo:

1. Elige una región que concentre muchos pueblos pequeños y bonitos en poca distancia. En el blog hay muchas ideas de rutas por pueblos para inspirarte.

2. Programa un viaje de varios dias, en lo posible un mínimo de tres días.

3. Viaja slow. No importa la cantidad de pueblos pequeños de Europa que veas, si no cuanto disfrutes intensamente cada lugar.

4. Programa noches en distintos pueblos para vivir cada lugar como un local.

5. Piensa en viajar en tu propio transporte (usualmente coche, pero hay regiones muy bonitas que hasta se pueden hacer en bicicleta o por senderos) ya que es el mejor modo de explorar con libertad.

6. Olvida el GPS (a menos que estes muy perdido) y sigue tu intuición por rutas y caminos.

7. Disfruta de cada momento, y hasta del «mal clima». Estarás en entornos rurales y naturaleza, relaja y olvida el pronóstico (y no olvides un paraguas para caminar por una calle con encanto bajo la lluvia un rato).

8. Consume productos locales. En destinos rurales encontrarás productos directos de productores locales, comidas caseras y su gente encantadora que te contará de su vida y su amor por su tierra.

9. Infórmate de la historia de la región y los lugares. Así sea un mínimo de información te ayudará no solo a valorar más lo que ves, sino a descubrir más sitios que no debes pasar por alto en tu camino.

10. No programes demasiadas cosas que ver al día. Hay que permitirse momentos de descanso si encuentras un buen mirador, un café agradable, una casa de té, un paraje en el medio de la nada o una caminata. Disfruta de cada uno de los pueblos pequeños de Europa y no dediques tanto tiempo a sacar fotos 

Para finalizar, también pueden leer el post Así me convertí en un explorador de pueblos. Allí también explico como organizar este tipo de viaje.

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