Montañas multicolores, barrancos custodiados por gigantescas aves que planean a miles de metros de altura, parajes y pueblos tranquilos al pie de montañas imponentes, maravillas de la ingeniería de otros tiempos que se miden en kilómetros. El glaciar Perito Moreno está lejos, al igual que las Cataratas del Iguazú. El bullicio (de Buenos Aires) también está lejos, siempre desde el punto de vista de La Rioja argentina, una provincia en el centro norte de la cordillera de los Andes que amuralla y divide Chile y Argentina. Sin embargo, si miramos un mapa programando destinos a conocer por el cono sur del mundo (o por Argentina en particular), tal vez después de leer éstas cinco razones, las rutas usuales se desvíen, y los itinerarios se animen a explorar nuevos rumbos.

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Lo que sigue es un intento de convencerlos de que poner rumbo a La Rioja es una buena idea, sobre todo para descubrir antes que otros, una colección de paisajes de montañas, pueblos tranquilos y espectáculos naturales únicos que no saben de multitudes (con la excepción de Talampaya que viene ganando espacio). En parte es un resumen de lo que pude ver en un blogtrip por la región a finales de junio de éste año, con mi selección de fotos de algunos lugares explorados.

1. Montañas que deliran en colores

Desde una finca impregnada del ambiente rural cerca de Famatina, nos llevan en pocos minutos por un camino polvoriento que se interna entre montañas que deliran en colores. Algunas formaciones las llaman «Los Pesebres», y son en la práctica, una sinfonía de minerales oxidados a cielo abierto. Yeso, ocre, azufre, ceniza volcánica. Y mientras se avanza en el camino, que se pone rústico, las montañas empiezan a uniformarse en un tono amarillento. Nos estamos acercando al Cañón del Ocre, un cauce de agua que atraviesa acantilados profundos donde todo se vuelve precisamente, de ese tono inverosímil que hasta parece dorado cuando el sol estira las sombras. Un paseo por montañas imposibles.

2. Una caminata por el Triásico en tonos en rojo (Talampaya)

Lo contaba en una entrada anterior. La estrella de la Provincia, es el Parque Nacional Talampaya, famoso por sus imponentes paredes de color rojo, sus formaciones rocosas, y su valor geológico, al ser el único lugar del mundo donde se encuentra una placa del Triásico expuesta a cielo abierto. Es un sitio reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. (pueden leer más en la entrada Un desierto rojo…)

3. Desconectar en un entorno rural.

En La Rioja hay pueblos tranquilos y en cada zona turística, no faltan fincas ideales para unos días alejados de cualquier bullicio (que todo argentino asocia con Buenos Aires), como la Posta Los Cóndores en el paraje Santa Cruz. El paraje es un sitio que está cerca de un espectáculo natural que cuento en un próximo punto: una quebrada custodiada por cóndores. O la Finca Huayrapuca en Famatina, un ambiente rural entre cultivos, nogales acequias. En cualquiera de ellos, se puede descansar y combinar actividades en medio de la naturaleza, reencontrarse con otro ritmo y estilo de vida que solemos creer imposible, sobre todo cuando pisamos el asfalto entre semáforos y bocinas, en esas junglas de cemento de extraña biodiversidad.

 

4. Un «aeropuerto» de cóndores

No encuentro mejor forma de describirlo rápido y fácil. Luego de una caminata de una media hora en la Quebrada de los Cóndores se despliega un espectáculo único. El cóndor por sí solo es impresionante, un ave carroñera (erróneamente acusada por años de asediar el ganado, y lamentablemente perseguida por ello) que puede medir de ala a ala hasta 3 metros. Ahora imaginen 25 cóndores volando en un barranco y pasando hasta a cinco metros de donde estás sentado. Y otros cien cóndores (aproximadamente), esperando su momento observando desde alguna roca en el barranco. Todo se puede observar desde un punto de vista privilegiado (casi único en el mundo diría por la cantidad de cóndores).Sucede en la Reserva Natural Quebrada del Cóndor, a unas 3 horas al sur de la capital provincial. En una palabra: majestuoso.

 

5. Un cablecarril de 35 kilómetros de largo.

¿Y que tiene eso de interesante?. Mucho. Historia minera en forma de monstruosa obra de ingeniería de otros tiempos (construida a fines del siglo XIX), extendida entre estaciones que hoy son patrimonio nacional. Tan extendida como para ser el cablecarril más largo (y alto) del mundo. Una red de cajones de hierro tirados por kilómetros de acero al servicio de la mina aurífera La Mejicana, unía el yacimiento a 4.600 msnm con el ferrocarril en la ciudad de Chilecito. Hoy es una inmensa ruina abandonada, pieza invaluable de arqueología industrial, pero revitalizada con fines turísticos. Se visita desde Chilecito y la ciudad de Famatina.

La buena noticia (o el hallazgo de muchos turistas), es que la provincia, situada al pie de los Andes, es mucho más que Talampaya y sus murallas rojas, que ya es una razón para ir. Un paisaje que es parte de la mítica Ruta 40 acompaña viajeros y aventureros dispuestos a atravesar la columna dorsal del país, la senda que hilvana paisajes de maravilla. Y claro, La Rioja aporta muchas de las mejores estaciones.

* Todas las imágenes están publicadas en una set en Flickr bajo licencia Creative Commons

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