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Este relato resumen mis siete días viviendo en Faycelles, un pueblo sobre uno de los barrancos del valle del Lot en Francia.

Las calles de Faycelles en hora pico (Todas las fotos pertenecen a Matías Callone)

Faycelles no estaba en mis planes de viaje. Venía de caminar 112 kilómetros siguiendo la Via Podiensis en Francia (el Camino de Santiago más famoso en territorio francés). Faycelles es un pueblo de paso, quiero decir, no es ni final ni comienzo de etapa (en las 29 etapas de este camino).

En mi viaje va a ser una pausa ( y de una semana). Mis pies ya estaban algo “rotos” de tanto caminar ingenuamente (esto es, sin prevenir las ampollas con productos para tal aventura). El objetivo de esta nueva etapa de mi viaje: vivir un pueblo, y por lo tanto vivir de un modo distinto a lo que estoy habituado en ciudades de tamaño medio o grandes.

Faycelles - Larroque-Toirac

Faycelles por tanto fue mi pausa, mi casa alquilada (por casualidad) en un pueblo absolutamente desconocido en mi camino (y fuera de mis planes viajeros). Una experiencia que incluía interrogantes tan vitales como de que modo iba a alimentarme (en un lugar en el que no sabía si funcionaba algo parecido a un mercado o un almacén, o algo parecido a un restaurante, o algo parecido al transporte público para ir de compras a alguna ciudad). En mis temores sería un pueblo fantasma, en mis mejores proyecciones, un lugar donde pasar días relajados (trabajando online y recuperando mis pies).

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["El pueblo más tranquilo del mundo" / #Francia ] Se los presento. A vuelo de drone hice la toma que ven del pueblo en que estoy viviendo estos días. Es una región donde hay pequeñas poblaciones, en donde la gente se olvida como es eso de poner llave en la casa. Estoy en un pueblo del Camino de Santiago en el valle del Lot llamado #Faycelles. Había alquilado una casita para estar unos días de pausa laboral (online) y descanso del nomadismo. Y el pueblo fue todo un acierto inesperado. ¿Por qué digo que es el más tranquilo del mundo? Les cuento mucho en las historias insta como es la vida acá. El silencio después de las 21 horas zumba los oídos, aunque antes casi que también. Hay un solo café al que llegan caminantes y senderistas de paso, y gente del pueblo que llega a conversar y jugar (a la petanque). El pueblo es hermoso, pintoresco. Llegó el verano estos días…pero apacible…como el pueblo. Faycelles me dice que estoy en el camino ajustado a mi medida, aún sabiendo que en invierno sería otro cantar.

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Mis últimos 10 kilómetros caminando desde Figeac hicieron sentir mis dos mochilas con toda su sobrecarga (de peso y de días ya caminados).

Llego a Faycelles con todo el pasado de caminante encima y una calle me introduce a un puñado de casas pintorescas. Todo me recuerdan a los pueblos encantadores de mi anterior viaje al Lot (o al Dordoña). Lo primero que pienso es que este pueblo parece todo lo bonito que mi mezquindad imaginaria no supo anticipar. Había caminado varios días, también había atravesado algunos pueblos increíblemente bonitos. Era difícil superar lo anterior además que en la última etapa los pueblos se habían vuelto más adormecidos. Eso estaba alimentando mis temores de pasar siete días en un pueblo casi fantasma.

Faycelles - Larroque-Toirac

Las señales del sendero del camino me indican que tengo que entrar al pueblo por una escalinata rodeada de jardines y flores, algo que parece el acceso al edén de la Francia profunda. Mi deseo concedido: al final de la escalinata se encuentra una rara avis del rubro gastronómico francés: un café que hace de centro comunitario del pueblo, café, punto de reunión, exhibición de antigüedades, patio de petanca, mercado ínfimo para caminantes, y pausa de peregrinos (diría, más senderistas que peregrinos). Se llama La Petite Pause.

El sendero GR65 (o vía Podiensis) se me hace más alejado de un camino de peregrinos devotos, más bien parece una oportunidad para caminar, conectar con la naturaleza, superar metas personales y elevar nuestra satisfacción en eso de superar desafíos. También una oportunidad de conectar con gente, experimentar amistades que en muchos casos son efímeras, compartir mesas con desconocidos, respirar cordialidad. Llegar a Santiago muchas veces no es la meta sino el norte que orienta el recorrido. 

Faycelles - Larroque-Toirac

Faycelles en una primera impresión aparenta ser un pueblo más adormecido por la caza de oportunidades urbanas de sus habitantes jóvenes, un fenómeno que se repite casi en cada pueblo en Europa. Estas poblaciones van envejeciendo en cámara lenta. Con los días no fue difícil notar que este como otros pueblos que están sobre el camino, se mantienen más vivos y animados.

Mi anfitrión de alojamiento es hijo de españoles emigrantes en tiempos posteriores a la guerra civil del siglo XX. Paco es un francés más que habla un español desmemoriado. Pero sobre todo es un habitante de Faycelles que parece más que arraigado a su lugar en el mundo. Él es quien me abre la puerta a conocer más del pueblo, de su vida y su gente.

Faycelles - Larroque-Toirac

La Petite Pause.

Mi casa temporal está a 30 metros del café del pueblo (La Petite Pause), frente a la iglesia que es el epicentro geográfico y conceptual del pueblo y de cada pueblo durante siglos.

Faycelles - Larroque-Toirac

Mi casa temporal (me cuenta mi anfitrión) la había comprado hace no tanto a una señora ya fallecida. Tras rehabilitarla y reformarla su hijo le ayuda a abrir una cuenta en AIRBNB para hospedar huéspedes (de más de dos días de estadía, imagino que para no quitar clientes a los albergues). La casa es pequeña, dos pisos en una construcción antigua pero rehabilitada: espacio suficiente para dos personas (y poco más), un balcón que mira a la iglesia casi enfrentado a la Mairie (el ayuntamiento). Por si fuera poco, el edificio de la Mairie parece una de esas edificaciones salidas de un cuento. 

Siete días en Faycelles. Días de tardes extendidas hasta después de las diez (de la casi noche) en donde era fácil que el oído zumbara en un silencio cuasi fantasmal. El tráfico era por la mañana: no de coches, sino de pobladores que caminan a diario a peregrinar por su baguette disponible en la Petite Pause. El eterno retorno con la baguette bajo el brazo. El tráfico también alcanzaba su “hora pico” a eso de las 9.30 de la mañana y se extendía hasta las 11: caminantes de la Via Podiensis con sus mochilas cargadas (y su respiración agitada) que provenían desde Figeac después de dos horas de caminata. Algunos solo pasaban sin detenerse por Faycelles, otros hacían su parada en La Petite Pause. Hacia las 12 del mediodía retornaba la calma total. El día parecía terminado. 

Evidentemente mi anfitrión se esmeraba por algo más que brindar un alojamiento bajo un estado contractual y temporal. De algún modo me haría sentir alguien más del pueblo. Me invita a lo largo de los días a varios cafés.

También en mi primer día, la casa incluía algunas provisiones de bienvenida: algo de comida para los primeros días, un dulce casero para los desayunos, pan, huevos “de las gallinas de su casa”, un paté y hasta un vino para amenizar los atardeceres desde el balcón. Él es quien me cuenta sobre los trabajos y la vida de la gente del lugar: en general quien está en edad laboral no trabaja allí. Hay grandes empresas e industrias sobre todo en cercanías de Figeac. Eso incluye una compañía que trabaja para grandes empresas aeronáuticas que emplea a miles de personas en toda la zona. Faycelles sería entonces un pueblo “dormitorio”.

En la Francia profunda en general muchos pueblos pierden habitantes. Faycelles en cambio, recibe cada vez más residentes (y por ello es una rara excepción demográfica): franceses “foráneos” que (jubilados) huyen de ciudades buscando una vida más tranquila, o algunas parejas jóvenes que compran una casa para restaurar y vivir en un lugar tranquilo donde criar sus hijos. Las casas de Faycelles que quedan vacías se venden y encuentran nuevos dueños. Se asemeja a una historia de éxito en contraste con otros pueblos que se vacían impotentes mientras sus decrecientes habitantes observan como se van tapiando las ventanas. 

Faycelles - Larroque-Toirac

Con los días camino por el entorno. Puedo tomar buses del transporte regional que pasan por una ruta justo al costado del pueblo. Mi mecánica en los paseos es llegar hasta algún punto de los alrededores para volver caminando a Faycelles, disfrutando del paisaje rural. Por ejemplo, un día me bajo en Larroque-Toirac , un pueblo que mi anfitrión me había recomendado ver por su castillo.

Lo camino y noto que la mayoría de las casas tienen ventanas cerradas desde hace mucho tiempo. Es un rincón precioso pero inevitablemente me contagia de su atmósfera fantasmal. Es evidente que no tiene el mismo “éxito que Faycelles”.

Si hay un modo de medir cuan vital está un pueblo de interior en Francia, un buen indicio es empezar por comprobar si en ese pueblo se vende pan. Si no hay una boulangerie abierta, es probable que el pueblo esté inmerso en un proceso infrenable de pérdida de habitantes. Por ejemplo Larroque-Toirac no tiene Boulangerie, así como no tiene muchas casas con sus ventanas abiertas. Vivir en un pueblo sin boulangerie significa mucho más que no contar con un sitio de peregrinación matinal. Sin boulangerie, el pulso del pueblo no se sostiene. 

Vivir siete días en “el pueblo más tranquilo del mundo”, para sorpresa de algunos no tiene momentos aburridos. Disfruto de mis pausas, de mi descanso, de una conexión a internet excelente que utilizo para trabajar y escribir en mi blog. Y cuando el clima de primavera se parece a la primavera, disfruto de mis excursiones al entorno. Un día a Figeac, otro día bajo hasta la ribera del río Lot. Mi última jornada me permito caminar 22 kilómetros ya con mis pies recuperados. Puedo conocer Cajarc, otra ciudad que es parte de una etapa en el Camino de Santiago. Algunos atardeceres voy al café, tengo algunas charlas más con mi amistad temporal.

En mis recuerdos quedarán escenas de una mesa del café, acompañado de habitantes del pueblo que juegan a la petanca en una pequeña plaza junto a las mesas exteriores. La petanca es la segunda gran devoción que anima el pueblo, una actividad que en esos días no participan las mujeres (tal vez otros días sí, pero no fue el caso). La petanca, me explican, convoca cada tarde de lunes a lunes. Puede estar cerrado el café, pero la partida de petanca nunca tiene descanso.

Faycelles - Larroque-Toirac

No todos los pueblos pueden darse el lujo de crecer y convocar. Faycelles consigue ser una opción de vida para algunos exiliados de la república urbana, o para quienes piensan que vivir en ciudades es el modo equivocado de vivir. Mucho de lo que podríamos extrañar de una ciudad Faycelles lo tiene a diez minutos en coche en Figeac: el supermercado, las actividades culturales permanentes, las tiendas y productos indeclinables aún para los habitantes de Faycelles. La abstinencia urbana (o citadina) se soluciona en diez minutos y según mi anfitrión, no se echa mucho de menos.

Mi último día, me despido mirando unas fotos antiguas del pueblo (en blanco y negro y con algunas fechadas hasta 90 años atrás). El pueblo se ve igual en muchos aspectos: sus casas son las mismas de hoy, pero se ven más rústicas. Hay gallinas o hasta ovejas en las calles en algunas fotos. La gente parece llevar una vida austera y rústica, muy probablemente ligada al mundo rural.

Sin dudas que los de hoy parecen tiempos mejores, el pueblo está impecablemente conservado y restaurado, le quitaron los cables que afeaban las vistas, la gente no realiza tareas tan duras o rústicas. Los jardines están embellecidos con flores y plantas ornamentales. Los trabajos están más lejos y en gran parte se desconectan del mundo rural. Moverse en coche 15 minutos al trabajo es mucho menos que el viaje promedio en cualquier gran ciudad.

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[El pueblo más tranquilo del mundo] Hoy me voy después de vivir unos días en Faycelles, un pueblo que mira desde lo alto al Valle del Lot en #Francia. Mi anfitrión me trajo en la mañana estas fotos "antiguas" del pueblo. Si hablamos de un pueblo de siglos…después de todo las fotos del siglo pasado son "recientes". La curiosidad en este y tantos pueblos de Europa es que cambia la gente, el modo de vida, la forma de vestir…pero el pueblo sigue casi igual, inalterado. Y se esmeran para que así sea. Me hicieron tantas preguntas por mensajes sobre cómo son estos pueblos y vivir en ellos, que creo haré muy pronto un post sobre mis días en #Faycelles y lo que pude aprender del lugar. Sigo viaje por estos parajes….

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Antes de partir le muestro a ami amigo temporal algunas fotos de mi ciudad en Argentina (en la que se ven las playas abarrotadas de gente en verano). Me dice que no lo entiende, y que algo parecido sucede en Francia: “aquí también están amontonados todo el año en París, y en verano se amontonan en las playas”. Me afirma que no se mudaría, ni cambiaría su vida en Faycelles: “hay días en que bajo a pescar al río, tengo un bote amarrado en la orilla”.

No me atrevo a decir que la vida en Faycelles sea para todos. Pero sí parece ser la mejor vida posible para mi anfitrión, y para muchos de los distendidos habitantes del pueblo. Por cierto, las casas en estos pueblos se venden a precios infinitamente más baratos que cualquier vivienda en una gran ciudad francesa. A veces dicen que la oferta y demanda (el mercado) tienen la razón pero este pueblo aparenta desmentir esa regla. Después de todo, siete días se pasan demasiado pronto, aún en Faycelles.

Datos prácticos para visitar Faycelles.

Está ubicado a unos diez minutos en coche desde Figeac (unos siete kilómetros y medio), o a una hora (70 kilómetros desde Cahors). Si se hace el recorrido por el valle del Lot se puede unir Cahors y Figeac pasando por Faycelles, además de pueblos preciosos como Saint-Cirq-Lapopie.

Donde Alojarse: en Faycelles, siendo un pueblo de paso en el Camino de Santiago (Via Podiensis) hay varios Chambres d’hotes (alojamientos con habitaciones para peregrinos bastante económicos, aunque usuales para quedarse una noche, se puede consultar para quedarse más días). De hecho el mismo café La Petite Pause ofrece habitaciones por unos 23 a 35 euros. Otros Chambres d´hotes serían el Bleus-Lumiere, o La Caselle, entre 40 y 90 euros la noche. También pueden ver estas opciones de alojamiento en el entorno (que incluyen una curiosa casa mínima con spa incluido).

Mi alojamiento apartamento en Faycelles. está disponible para más de dos noches de estadía. Pueden consultar el perfil de su alojamiento en este enlace. Y si se quedan allí le comentan que van de parte de Matías y desde mi blog (yo fui su primer anfitrión 🙂 . Si utilizan Airbnb por primera vez pueden aprovechar este descuento de hasta 31 euros para tu primer reserva.

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6 Comentarios

  1. Lo que veo en tus fotos y tu relato es lo más aproximado a lo que imagino como un pacífico y placentero estilo de vida. Por ahí es un espejismo pero viviendo en la locura argentina, en La Plata, específicamente, a diario me aparecen imágenes de una vida calma y tranquila y mis ganas de vivir en algún pueblo del interior nuestro. Supongo que ese pueblo sería el paroxismo de la paz. Se aguantará mucho tiempo? Quién lo sabe. Te felicito porque has sabido transmitir la atmósfera de Faycelles y región de manera admirable. Saludos.
    Gabi

    1. Hola Gabriela, muchas gracias. Es cierto que imagino en cada país existen estos oasis donde la gente vive con las puertas abiertas practicamente. Esa también es mi duda, pasar una semana en primavera casi verano es muy lindo, pasar un año entero debe ser diferente. Pero con un coche estás a diez minutos de una ciudad más completa. Un saludo 🙂

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