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Patagonia es un destino distante no solo para quienes lo sueñan desde otras latitudes lejanas a las fronteras de Argentina o de Chile. Incluso para la gran mayoría de argentinos (como yo) o chilenos no es un destino fácil: no está cerca de las zonas más pobladas, ni muy comunicado, no hay caminos sencillos ni distancias que se hagan cortas.

Del lado argentino, todo el paisaje patagónico puede ser la antítesis perfecta de la lejana Buenos Aires. Aquí no hay autopistas ni por miles de kilómetros, solo caminos de ripio, viento y silencio. Y lo mismo podría decirse del lado chileno y su relación con la capital: las grandes ciudades del cono sur de Sudamérica pueden parecer otros países, distantes y lejanos.

Torres del Paine

Foto: en Parque Nacional Torres del Paine, Chile.

La Patagonia en lado argentino es sobre todo un inmenso paisaje despojado (estepa y meseta) a excepción de zonas de montaña en el lado oeste. Las imágenes más famosas proyectan postales de glaciares milenarios, picos de montañas, bosques y lagos. Sin embargo en términos de extensión y superficie, los bosques, glaciares y lagos son la excepción más que la regla si consideramos que la mayor parte corresponde a la ventosa estepa.

No dejan de ser paisajes imponentes recluidos en un territorio inmenso y con su propia mística: aquí lo del “fin del mundo” no es broma, como tampoco lo es el viento, la inestabilidad climática (eso de cuatro estaciones en un día), el rigor del invierno. Los paisajes están ahí, impasibles, una belleza disponible para quien esté dispuesto a llegar a ella, descubrirla (y si el clima no está de humor, pagar su precio). En mi visita a la Patagonia sur lo tenía decidido, ni el clima ni la distancia sería un obstáculo.

Las postales más imponentes de ciertos puntos de Patagonia sur no suelen ser destinos fáciles: hay que ganarlos, requieren un mínimo esfuerzo. En concreto, los premios en el entorno de El Chaltén, un pequeño poblado en la provincia de Santa Cruz, no tienen el sesgo accesible de los lagos de la zona de Bariloche. Requieren invertir energía para alcanzarlos y la energía se consume en forma de senderos que pueden empezar en la puerta de cualquier hotel (o al menos a unos pocos metros de esa puerta).

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Trekking en Patagonia, Chalten

Foto: senderos en el Parque Nacional Los Glaciares (desde El Chaltén, Argentina)

El Chaltén es como muchos poblados de Patagonia, un caserío en el que viven pobladores que pueden doblar la edad del pueblo. Encontrar un “nacido y criado” en el lugar también es una rareza. Sin embargo, el crecimiento es relativamente explosivo. El turismo reciente “descubriendo” paisajes milenarios que deslumbran generan un efecto boca a boca, y aún, publicaciones de distintas revistas de viaje de todo el mundo citan el destino con cada vez más frecuencia.

Es como si la magia de Patagonia también estuviera encapsulada en ese pequeño caserío de pocas calles y extensos senderos que salen en todas direcciones: el premio es llegar a sitios donde solo se puede acceder caminando.

En cualquier ciudad uno pensaría en salir del hotel con un programa y un mapa. Recuerdo que en la puerta de los hoteles y hostales de El Chaltén están disponibles para cualquier huésped los bastones de senderismo junto a la puerta de salida.. Aquí el programa es internarse en caminos custodiados por los picos de roca del cerro Fitz Roy, esto si las nubes le permiten exhibirse son su soberbia natural intacta. El plan puede incluir caminar unas cuatro horas, bordear varios lagos, detenerse mil veces a apreciar las vistas panorámicas, beber agua fría de arroyos prístinos, ascender y llegar al final del sendero a un lago glaciar de agua turquesa desde donde parecen brotar las gigantescas torres de roca.

Trekking en Patagonia, Chalten

Foto: el poblado de El Chaltén en Argentina.

El final de sendero es sublime. Solo pude pensar en detenerme, sentarme unas horas, ponerme en el lugar de observador de un espectáculo natural en evolución constante: en Laguna de los Tres, el lago glaciar al pie del Fitz Roy, las nubes danzan junto a un cóndor que sobrevuela acrecentando la sensación de escala gigante de la naturaleza (y nuestra insignificancia). Las Torres del Fitz Roy se ocultan entre nubes por momentos, y vuelven a aparecer. El sol hace que el lago se vuelva aún más turquesa. No dan ganas de retornar, pero las tres horas de regreso requieren tomar precauciones antes de que nos gane la noche.

Trekking en Patagonia, Chalten

Foto: Laguna de los Tres en Argentina.

Algo similar sucede del lado chileno. Recuerdo mis días por los majestuosos paisajes del sur continental chileno y mi mente proyecta imágenes de paisajes indómitos: hasta los recuerdos se vuelven silenciosos. Desde la ciudad de Puerto Natales estaremos en poco más de dos horas en el Parque Nacional Torres del Paine. Aquí no hay un pueblo cercano, sino refugios más asequibles y hoteles de lujo dispersos por el parque. La belleza prescinde de palabras: lagos turquesa, cascadas gigantes, playas rocosas en lagos donde “mueren” los icebergs que desprenden los glaciares, y nuevamente, montañas de fondo con formas sinuosas: los Cuernos y Torres del Paine son un telón de fondo que se hace inverosímil en cada sendero del parque. Y en el sendero que te lleva hasta la base de las torres el espectáculo natural de danzas de nubes y sombras se repite como una puesta en escena teatral.

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La belleza deja claro que no conoce de fronteras ni de límites impuestos por el hombre. La buena fortuna es que ambos países supieron apreciar tempranamente el valor de estos paisajes (para preservarlos). Tanto del lado chileno en el Parque Nacional Torres del Paine o en Argentina en el Parque Nacional los Glaciares, se puede empezar desde la puerta del hotel un sendero increíble, inolvidable, hasta mágico. No hay transición, no hay preámbulos. No hace falta ningún transporte que nos deje en la naturaleza. Porque la naturaleza te rodea apenas empiezas a caminar.

Torres del Paine

Foto: Cuernos del Paine en Chile.

En cualquiera de los casos, la facilidad para recorrer senderos es amplia: están bien señalizados, solo requiere un tramo final de cierto esfuerzo físico para el ascenso, pero nada insalvable.

Parque Nacional Torres del Paine

Foto: base de Torres del Paine, Chile.

El mejor momento será el de la hora dorada, al atardecer o amanecer. Muchos senderistas programan estar a esas horas en el lago base de las Torres del Paine (Chile) o en Laguna de los Tres en la base del monte Fitz Roy (Argentina). Las sombras se proyectan como en un time-lapse sobre las torres de roca, la luz naranja parece pintar el paisaje, las nubes se contornean con el viento, los reflejos en el agua de los lagos glaciares cambian a cada minuto de tonos. Tal vez lo veas y disfrutes esa vez, una vez en la vida, pero lo recuerdas para siempre silenciosos y con su capacidad de hipnotizarte.

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