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(ésta es la segunda parte de un relato de viaje a Petra. Primera parte: La magia de entrar a Petra por el desfiladero El Siq)

La estrategia de seducción es perfecta. La magia de entrar a Petra por El Siq merecía un relato aparte. Hay que atravesar el desfiladero que  acrecienta la expectativa en una dosis exponencial, extendida en un camino amurallado por acantilados rojizos a lo largo de más de un kilómetro.

Es la entrada mítica a un sitio mítico que se hace desear, y que aún cuando miles de turistas lleguen a él cada día, no dejará de ser una ciudad perdida, escondida en un valle que hace de muralla y de resguardo para unas ruinas que estuvieron silenciadas por siglos. Él propio guía lo sabe, y antes de llegar al final de la grieta desvía nuestra atención para acrecentar el juego y el impacto: “miren hacia atrás, en el acantilado y vean tal detalle”…miramos hacia un punto del desfiladero, y luego, al girarnos para retomar el camino, como si fuera parte de la magia se soma la fachada del Tesoro:

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Es el mes de noviembre y no hace calor. Tal vez unos veinte grados en sintonía con el invierno. Dicen que la mejor época para visitarla estaba comenzando, por eso de que el calor no agobia. Pero imagino que aún los 40°C del mes de julio se olvidan en ese instante viajero soñado en que El Tesoro se despliega mientras se avanza por el último tramo de El Siq. Y aún si hiciera frío del que paraliza, a quien le importa. Es imponente, y resistirse a tomar fotografías desde cada ángulo no será mi actividad de la mañana. Disparar fotos, disparar, y disparar desde la impotencia de no poder dimensionarlo en ninguna fotografía. Disparar sabiendo que su escala, lo que se siente en ese lugar no se traduce en píxeles. Escribir sabiendo que las sensaciones no se traducen bien en palabras.

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Las fotos, serán en todo caso, el recuerdo congelado que esfuma cualquier intento de no creer que nuestro propio viaje sucedió alguna vez. Que la atmósfera polvorienta, la luz tenue y rojiza que baña los acantilados, las montañas de Petra no fueron parte de un sueño, de una aventura que no suele suceder en nuestras vidas.

En Petra, los acantilados despliegan su alianza con la obra del hombre, una alianza en la que comparten la escala monumental. Un acantilado intimidante puede convertirse en la fachada de una tumba que convierte a cada visitante a la “escala hormiga”.

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Lo que sigue en el recorrido es el despliegue de un escenario único. La confirmación de que si bien hay cantidad de sitios que podrían deslumbrar nuestros sentidos, Petra deja claro que no será uno más.

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Petra se extiende por un desfiladero que une el Tesoro con la gran ciudad. Cuesta no dar vuelta la vista para seguir admirando El Tesoro. Y sigue un desfiladero que todo turista tarda en recorrer porque el Tesoro hace de imán para no dejar avanzar. Pero Petra recién comienza.

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El desfiladero se abre y sus fachadas, templos, palacios, tumbas y cuevas se dispersan por un valle que se va expandiendo. Una ciudad perdida, y escondida, una capital antigua, recuerdo del esplendor de los nabateos, esa civilización capaz de tallar y modelar montañas.

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Petra como una estación mítica de la ruta de las caravanas. Una estación monumental. La civilización nabatea tuvo su esplendor entre los siglos VI a.C,  hasta el siglo I, hasta ser ocupada por los romanos. El asedio de terremotos, y el abandono paulatino de la población la hace caer en el olvido hacia el siglo VIII, para dormir y degradarse en silencio con un secreto para los habitantes del entorno del valle.

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Petra se “redescubre” al mundo occidental de la mano del explorador suizo Johann Burckhardt, en 1812. Y desde entonces, hasta hoy, no son las caravanas de especias e incienso las que lo habitan, sino sus fantasmas, invadidos y asediados por miles de turistas (entre los que me cuento) que descubren que en Petra hay que mirar en todas direcciones, para no perderse fachadas y construcciones como éstas:

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Al caminar se abre el entorno de un paisaje monumental donde se despliega todo tipo de construcciones: un teatro romano, murallas, torres, una vía con columnas (del período de dominación romana) y una calzada de roca (Khazneal-Firaun), templos, arcos, canteras, necrópolis, casas, santuarios y monumentos, entre otras maravillas. Las ruinas de todo ello insinúan el esplendor de una civilización financiada por las tasas e impuestos de una enorme actividad comercial en un oasis perdido en una zona árida.

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Hacia otro lado, el paisaje de Petra sin tantas intervenciones talladas en la montaña (imagino que algo así sería el paisaje original antes de la llegada de los nabateos)

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En Petra, aprendieron sobre todo a canalizar el agua de lluvia escasa, gracias a un sistema complejo de recolección y canalización, con reglas estrictas para su uso. Las propias rocas que servían para modelar maravillas, también contribuían a conservar el agua con su impermeabilidad. Lo de entender como lograron aprovechar el escaso recurso del agua explica la situación de Petra en un sitio inhóspito que no fue obstáculo. Pero al caminar por Petra, se disparan mil interrogantes que tal vez no encuentran explicación. Uno puede saber que en tiempos remotos, los nabateos dominaron el desierto, y lo exprimieron hasta para regar jardines. Recorrer tanta majestuosidad en ruinas, intentar entenderla, deslumbrarse con el pasado, es sobre todo un ejercicio de humildad y contemplación.

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Sobre todo, un ejercicio por entender la razón por la que Petra es una maravilla del mundo, que se entiende aún cuando cada foto no llega a reflejarla en proporción a su escala:

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Y Petra, con todos los excesos que aún se cometen (hay cantidad de vendedores, niños que ofrecen insistentemente algún producto turístico, o paseadores a la caza de caminantes extasiados con sus camellos, carros, burros, con todo aquello, aún perdura en mis recuerdos con postales como las que siguen, atemporales, despojadas de modernidad. Un paseo para desconectarse de nuestra línea de tiempo, que invita a dejar por momentos la cámara a un lado, y dejar de resistirnos a su magia:

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La despedida de Petra (es un camino de ida y vuelta por El Siq) obliga a mirar hacia atrás, y llevarse la vista más famosa de éste lugar. Mirarlo, con un intento por congelar en la memoria ese ángulo, que en nuestros recuerdos quedará grabado para confundirnos con los sueños. Así es Petra, de éste mundo y de otros. Un sitio “único”, pero más que otros sitios que también son únicos. Hermanado con las leyendas, escondido, intrigante y aislado. Y mejor así, que siga estando lejos, y que sigamos a pesar de las fotos, creyendo que un sitio así es imposible.

Como llegar.

Antes de la entrada a El Siq, el desfiladero donde hay un pequeño y rudimentario puesto donde se abona la entrada, hay un creciente centro turístico que incluye hoteles que permiten dormir muy cerca de las ruinas de Petra. La ciudad más cercana a Petra es Wadi Musa, centro turístico que recibe a los visitantes del sitio arqueológico a unos 250 kilómetros de Ammán, capital de Jordania.

Visitar Petra requiere de cierta planificación. Es un sitio arqueológico grande, y que si queremos conocer en detalle y sin agobiarnos, requiere más de un día. Se pueden contratar guías con licencia y en varios idiomas, reservando en el mismo centro de visitantes.

El precio para entrar al Parque Arqueológico de Petra es elevado, y su costo se atribuye al elevado gasto de conservación de las ruinas, en constante amenaza. Hay pases para uno, dos o hasta tres días. Los menores de 15 años pueden entrar gratis. El precio por un día es 50 JD, dos días por 55 JD y tres días 60 JD (la moneda de Jordania tiene actualmente una paridad de casi 1:1 con el euro). Pero hay que aclarar que éstos precios son para los turistas que pernoctan al menos una noche en Jordania. En cambio si la visita es en una excursión contratada por un día desde un país vecino, el costo del ticket es de 90 JD. Desde el acceso, parten tours guiados  en diferentes idiomas una vez al día desde la mañana.

Las puertas del Parque están abiertas desde las 6 de la mañana y tienen un horario límite de entrada a las 16 o 18 horas según la temporada.

* El viaje y el recorrido por Petra y Jordania fue parte de un blogtrip organizado por VisitJordan

 

Pueden leer también Un paseo por un desierto rojo (Wadi Rum)

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3 Comentarios

  1. que hermoso lugar!!!!! no lo conocia…. que maravillas muestran en este blog… quede anonadada!!!! y me pregunto? que hay adentro del palacio que se ve en la entrada!
    gracias por compartir estas maravillas

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