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Notarán primero, que lo que sigue es un relato (también fotográfico) por la tierra de Santa Claus en Laponia finlandesa, pero sin nieve, porque fue realizado a finales del verano que concluía hace poco más de tres meses. Y mientras lo escribo, lo imagino ahora tan distinto, como si fuera un sitio diferente que estuviera a miles de kilómetros de los paisajes verdes y primaverales que me tocaron ver. Pero vaya, que no hacía falta la nieve para disfrutar de otro modo de la tierra de Santa Claus…

Empecemos por entender la razón de la fama navideña de ésta región de Santa Claus, Papá Noél, o Joulupukki. Al referirnos a Santa Claus al modo finés, deberíamos nombrarlo como Joulupukki. Y en la antigua tradición, el modo de celebrar la Navidad en torno a éste personaje legendario era bastante diferente a la actual. La leyenda y los mitos en torno a la figura de Santa Claus, (que evoluciona de la personalidad de Nicolás de Bari), es bastante compleja de explicar y rastrear con precisión. Una historia que va mutando y evolucionando en distintas épocas y puntos del planeta.

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Según un amplio consenso actual, Papá Noel y su leyenda según como nos llega en los últimos siglos, es originario de Laponia, o más puntualmente, de la provincia finlandesa de Laponia. Al menos, así lo legitiman miles de turistas que cada año viajan a la ciudad de Rovaniemi para capturar la magia navideña. Y según el relato de quien me pudo acompañar en el siguiente paseo por tierras finlandesas, mucho de la celebridad y desarrollo en torno a la figura de Santa Claus hay que agradecerlo (en parte, sólo en parte) a las campañas publicitarias de Coca Cola que desde hace décadas consolidaron la versión más actual y difundida de Santa.

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La puerta de una granja tradicional, es también la entrada al mundo rural de Laponia, primera etapa de una excursión de día completo por el entorno de Rovaniemi.

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Se dice también (en la versión americana de Santa Claus) que el personaje que viaja en trineo vive en el Polo Norte, un sitio al que sería difícil de llegar (está claro) y que no cuenta con un territorio (es tan sólo un mar de hielo sin tierra firme). Para desenredar la historia, decretamos en el blog que en Rovaniemi estaría el taller de Joulupukki o Santa Claus, y a juzgar por el relato fotográfico que les comparto, en ésta tierra aislada, mayormente blanca e inhóspita (a pesar que el verde de cada imagen parece desmentirlo) están presente muchos de los mágicos micromundos que hoy invaden el imaginario de cualquier niño que espera abrir los regalos de Navidad en pocos días. Y que los espera soñando con nieve, trineos, renos, bosques, y en invierno, un frío que invita a creer en los duendes, tal como sucede en éste rincón del planeta:

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Si quisiéramos ambientar una típica casa tradicional de Laponia, tendría que sera algo como ésta, la casa de una familia artesana tradicional que vive de su arte tradicional. Y mientras entramos a su casa, la dueña extrae un bloque encastrado de su vivienda y explica: “ésta es mi casa estilo Lego”, desarmable, pero firme y resistente.

 

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Fue durante éste paseo, hace muy poco (o es que el tiempo pasa muy rápido) que el termómetro hacía creer que la temperatura no podía jamás bajar de cero, entre tanto bosque, verde, silencio y sorpresas en tierras en torno a Rovaniemi. El verano boreal a punto de extinguirse, un viaje inesperado por Finlandia a tierra de islas y bosques, y una escapada (también inesperada) hacia el norte del norte. Laponia y el área de Rovaniemi en una tarde de finales de agosto.

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Un despliegue de productos artesanales tradicionales de Laponia finlandesa

 

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Rovaniemi está a pasos del Círculo Polar Ártico, en la confluencia de los ríos Kemi y Ounasjoki. Y son los propios ríos el eje en el que se va hilvanando éste paseo, una propuesta para acercarse a Laponia según la propuesta organizado por Lapland SafarisUn recorrido que comienza navegando por casi 40  minutos hasta llegar a una granja según la tradición del pueblo samiun contacto con renos con su cornamenta en pleno esplendor veraniego, una visita a una casa de auténticos artesanos lapones, trabajadores y recicladores de cada producto extraído de su tierra. Y finalmente, una impostergable visita a Santa Claus en su aldea, una especie de parque temático navideño abierto todo el año y en donde se puede tener ese encuentro con Santa Claus, ésta vez, uno que se ve “real” y tan amigable como para escribirle una carta.

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“Aquí estamos ahora” explicado con mayor precisión que un GPS

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El relato fotográfico es un reflejo del paseo, del encuentro con una excesivamente amable artesana y labradora de cada producto de su tierra, de los momentos de comprobar que los renos, esos auténticos ausentes de tierras más ecuatoriales, no son cuento sino seres terrenales que tal vez quisieran volar (como yo quisiera).

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En la granja sami, un hombre de la región vestido al estilo tradicional cuenta algunas leyendas e historias…

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El paseo alterna trayectos navegando, caminatas en bosque, granjas, v vida rural, silencio. Belleza al estilo de Laponia, desolada, desnuda (de nieve), templada, terminando un verano que un poco más al sur, sería apenas una primavera.

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Hacia el final, un breve paso por la Aldea de Santa Claus, un sueño para niños en forma de Parque Temático (con todo lo bueno y lo malo que pueda resultar de aquello). Me imagino de niño, visitando éste lugar y recordándolo como un sitio de otra dimensión. Yo en cambio, desde otra mirada, casi seguro, prefiría la de un niño, algo que se puede simular si volvemos a serlo por un rato.

 

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Una oficina de correo donde se reciben miles de cartas. Tiendas, restaurantes. Un despacho donde Santa Claus recibe a visitantes, y hasta me recibe (con la correspondiente foto subida es unos días al muro de la red social en la que será “megusteada” decenas de veces). Ya habría dejado yo la carta si se pudiera, la de los buenos deseos, y los pedidos imposibles. “Querido Santa: para el próximo año, o para cuando sea, quiero un viaje parecido a éste, inesperado, lleno de belleza natural, en un país tranquilo, apacible y tranquilo que se llame Finlandia (o como sea), pero que quede lejos y se parezca a éste”.

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“Santa is here”, “Santa will be back”….Y Santa regresa a la hora señalada, me recibe después de una pequeña espera, me da la bienvenida, me cuenta que según sus cálculos, había estado en mi país, hace exactamente tantos días como días hacía que la Navidad había pasado. Yo quiero más que ser Santa, viajar como Santa, y no digo viajar volando en un trineo con renos, sino viajar tanto como él. Viajar lento, y quien pudiera, vivir en algo parecido a la navidad eterna de Rovaniemi, omnipresente e indiferente al verano o a la nieve.

Si de niño alguna vez pedí éste viaje, allí estaba. Silencio, clic, y foto. Y que pase el que sigue. (no puedo evitar comentar que ésta foto me sigue haciendo gracia)

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Salir del embrujo eternamente navideño implica retornar a Rovaniemi, resistirse a desintegrar la magia, recomponer el mundo a través de un paisaje urbano, reconectado al resto del planeta. Una ciudad que desde lejos es pensada siempre gélida, pero que sorpresa, vende sus helados en puestos callejeros. Una ciudad pequeña y compacta, la puerta por la que se entra a Laponia finlandesa, a pasos del círculo polar ártico, que aún en agosto, ya desplegaba por esas noches las primeras auroras boreales de la temporada.

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La ciudad desde la que pude conocer otro de los extremos del planeta, ese norte distante, el otro fin del mundo (para mí), me deja una vez más, esa excusa que cada lugar que conozco me siembra en mi interior para permanecer encendida: la necesidad de volver y sentir que todo ese verde, la luz natural, la vitalidad veraniega, y hasta las cremas heladas en puestos callejeros, todo eso, puede parecer un espejismo cuando el manto blanco se adueña de Laponia, cuando el termómetro perfora el punto de congelación y todo parece ser otro lugar distinto a lo que pude ver, que decía, parecieran estar a miles de kilómetros de distancia. Son cómo dos mundos en uno, como el de la infancia y el mundo que veo hoy. Rovaniemi y Laponia es una oportunidad por intentar hilvanarlos por unos días.

Pueden ver también la versión blanca de Rovaniemi en una selección de imágenes: Cuando la navidad llega a Laponia y la Aldea de Santa Claus / Y ver también 5 opciones de alojamiento en sitios soñados cerca de Rovaniemi

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