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En un archipiélago con 18.000 islas en Finlandia puede haber además de bosques, cabañas, granjas tradicionales, rincones apacibles donde disfrutar el verano, silencio, además de todo eso, puede haber una isla rocosa (en uno de los extremos del archipiélago) desde donde un gigantesco faro señaló durante décadas la puerta de entrada a éste paraíso finlandés. El faro se ve desde kilómetros, mientras te acercas navegando. Se llama faro Bengtskär, y es el más grande de los países nórdicos con sus 46 metros de altura. Se llega en ferry desde la villa de Kasnäs, parte del archipiélago de Kimito (Kimitoön) en el suroeste de Finlandia. Lo que sigue es una colección de las fotos que pude sacar luego de una excursión de casi una hora. Pero en ésta pequeña historia hay algo más: en el viaje de ida el barco iba (contándome a mí) con unas veinte personas, mientras que el viaje de vuelta, apenas regresamos unas cinco personas.

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No es que algunos se perdieron en el camino. Simplemente, el faro, enorme, con sus ya más de cien años de historia (fue construido en el año 1906), con sus asedios en varias ocasiones en tiempos de guerra (y hasta ocupaciones forzadas), con su soledad, hoy es una atracción que visitan unos 15.000 turistas cada año. Y un porcentaje menor de ellos, no sólo lo visitan, sino que también, se quedan a dormir en él. El faro funciona como museo y hotel, ofreciendo la oportunidad de quedarse una noche en medio de la nada, sentirse esa nada bajo un cielo oscuro y estrellado, con el sonido del mar Báltico, que jamás se cansa de chocar con las rocas. Imagino que a veces, ese mar choca con poca suavidad. En mi caso, el retorno se produce con un barco semi vacío.

Bengtskär lighthouse

Bengtskär lighthouse

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Apenas unos minutos antes, un guía me contaba de la historia del lugar, de los vaivenes, de los años dorados del faro, cuando hasta veinte familias vivían en el islote. Los “años felices”, con hasta veinte niños que los imagino jugando sobre las rocas en un espacio limitado. Hoy en las rocas se pueden ver inscripciones talladas, y hasta fechas con años de varias décadas atrás. Las huellas en las rocas, el faro mismo, con su silueta imponente desde lejos.

Bengtskär lighthouse faro

Bengtskär lighthouse

 

Bengtskär lighthouse

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Aún con sol, luz y buen clima, el faro no pierde su mística. Lo imagino en su gloria, en su momento dorado, envuelto entre niebla, o en un mar enfurecido y helado. Allí impasible, guiando barcos y tripulaciones que no quieren ser náufragos. Tal vez entre tantos turistas y huéspedes, el propio faro añore aquella soledad que lo visita cada noche.

Nota: Éste relato de viaje es parte de la experiencia de viaje a Finlandia por invitación de VisitFinland

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3 Comentarios

  1. Los faros tienen el poder. de transportarnos al pasado fueron. los. GPS de epocas pasadas hoy estan ahi para
    hablarnos de. su soledad y no podemos dejar dejar de pensar en. la vida de. las. personas que cumplieron. calladamente una funcion tan importante en lugares tan dificiles.Me gustaria pensar que no van a ser destruidos que muchas personas. van a visitarlos y a demostrarles su agradecimiento y reconocimiento. Ellos forman parte de nuestra historia. Me gusta el. thematic de los faros. Saludos. LOURDES

  2. Pingback: El paraíso de islas y bosque en versión Finlandia | vetedepinta.com

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