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Excentricidad en medio de una naturaleza exuberante forman un combo que me ha dejado los ojos como platos y la imaginación boyando entre sus rincones, arcos, escaleras y árboles. Es que en Las Pozas, un recóndito lugar en México, las musas y los artistas jugaron un juego perfecto tallando curiosas estructuras surrealistas que sorprenderían a cualquiera.

Carlos Galindo

En sí, Las Pozas puede definirse como un conjunto artístico con piezas arquitectónicas y esculturales de marcada raíz surrealista. La genialidad de montar semejante escenario en medio de la más tupida vegetación fue de Edward James, aunque el sitio exacto donde se emplazó (en el municipio de Xilitla, San Luis Potosí) fue elegido por una serie de hechos afortunados.

James, poeta inglés, levantó en piedra sus elucubraciones más alocadas entre 1960 y 1970. Hoy, aunque algo derruidas por el tiempo y la falta de cuidados, las 36 estructuras siguen pareciendo un cuento hecho realidad en medio de un terreno de 40 hectáreas.

Las figuras estilizadas y entreveradas van fundiéndose con a cascadas y piscinas naturales (pozas) y van armando un paseo que hace trabajar la imaginación al máximo. Todo, a apenas siete horas en coche de la México DF.

Rosa Menkman

Carlos Adampol Galindo

En esta obra que quiso ser una imagen lo más cercana al Edén en la tierra, mucho tuvo que ver el primo y amigo de James, Bridget Bate Tichenor, un pintor eximio que mojaba su inspiración en la fuente del realismo mágico y que fue quien sugirió a México como el mejor emplazamiento para soñar despiertos.

Idas y vueltas trajeron a James a Cuernava y la rutina más banal lo hizo entrar a una oficina telegráfica donde conoció a quien sería su guía en México. Esa persona, Plutarco Gastelum, supo ver en Xilitla todo el potencial que tenía. Corrían los últimos meses de 1945 y el paraíso soñado por James ya se podía marcar en un mapa.

Rosa Menkman

En los primeros tiempos, el poeta aprovechó estas tierras fértiles y suntuosas para plantar orquídeas, esas flores tan delicadas y raras que son todo un tesoro. Pero el destino quiso apurar los tiempos para que Las Pozas se convirtiera en lo que hoy es, y mandó una helada para 1962 que arruinó las plantaciones.

A James no le quedó más que comenzar la construcción del complejo arquitectónico, contratando a trabajadores locales y con Gastelum como maestro de obra. Mientras las manos obreras esculpían las ideas más disparatadas, el poeta se refugiaba con sus musas (y con la familia de su mano derecha, Plutarco) en una casa que era tan poco sencilla que era lo más cercano a un castillo gótico en la zona. Ese edificio es lo que se conoce como el hotel La Posada El Castillo.

Christian Von Wisel

Carlos Adampol Galindo

El inglés vivió en medio de esta obra tan particular, en el remanso del verde y al amparo de lo que en el resto del mundo estuviera gestándose. Al morir, dejó como heredera a la familia de su amigo quien mantuvo Las Pozas con fondos privados que les llegaron por unas décadas.

Luego los fondos no llegaron más y el lugar empezó a ser ganado por la vida vegetal circundante. Por suerte, hace algunos años –en 2007- una unión de organizaciones se hizo cargo de este paraíso y comenzó su restauración.

Con su extravagancia, su entorno maravilloso y la historia que guarda, no tengo dudas que ni bien pueda ir a México, iré a conocer Las Pozas, en Xilitla. ¿Tu?

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Meri Castro

Blogger todo terreno. Orgullosa madre del blog Alternativa Verde. Apasionada escribiente. / En Twitter @MeriCasro

3 Comentarios

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