Share on Pinterest

Estados Unidos es un país del que, a veces, los lugares más fantásticos no llegan a conocerse. Nos entretenemos hablando de sus grandes urbes y pareciera que eso es todo lo que tiene. Pero no es así. Hay mucho por ver y la naturaleza esconde grandes joyas que ofrecer al viajero. Como este Palacio del acantilado que, seguramente, los asombrará.

Caitlyn Willows

Cliff Palace –tal su nombre en inglés- se puede visitar dentro del Parque Nacional Mesa Verde, en el condado de Montezuma, Colorado. El Parque son más de 200 km cuadrados que por su valor cultural y en biodiversidad  ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad.

Recorrerlo es toda una aventura de la que el centro de atención es, por lejos, la zona donde se ubican las ruinas de habitaciones y aldeas construidas por el pueblo anasazi. El plato fuerte son las construcciones en las cuevas y bajo salientes de los acantilados; de los que Cliff Palace es el mayor exponente.

Sarah Nicholls

Esta zona tuvo otro ritmo allá por el siglo VI cuando los indios anasazi volvieron en su hogar a las cimas de estas mesetas. Años después, ya en el siglo XII, comenzaron a tallar las cuevas en las paredes de los cañones, dejando esta obra maestra que ha logrado persistir hasta nuestros días.

Pasar por este lugar mágico de Colorado es ver el poblado de este estilo más grande de América del Norte, que data de entre los años 1190 e.c. hasta c. 1260. Ya para los años 1300 Cliff Palace quedó deshabitado. Se presume que devastadoras sequías obligaron a sus pobladores a encontrar nuevos rumbos pero no se han podido encontrar pruebas para confirmar esta versión.

David Jones

Don Graham

Estas pulcras obras están hechas de arenisca, a fuerza de mortero y sostenidas con vigas de madera. Todo un trabajo artesanal que implicó usar piedras más duras para moldear la arenisca y rellenar huecos con pedregullos. La ornamentación, se pudo deducir, no fue dejada de lado. De hecho, los muros fueron coloreados con tonos terrosos que el tiempo se encargó de lavar.

Las aberturas de las viviendas son de mediano tamaño, acordes a la altura de las personas que las moraban. Entonces, los habitantes de Cliff Palace tenían una estatura medía de menos de 1,70 m. y las mujeres no pasaban el 1.55 m.

John Fowler

Conocer el Palacio en el Acantilado es de esas actividades que nos cuentan de una época muy distinta en el país del norte, una historia pocas veces mostrada por los estadounidenses. Se me ocurre que unirlo a una visita a otras ruinas aborígenes como Cahokia es una idea brillante para apreciar un costado cautivante e imperdible de esta parte de América.

Imagínense recorriendo las 23 kivas (habitaciones redondas hundidas por debajo del nivel del suelo con importancia ceremonial) y los más de 150 habitáculos donde vivieron estas 100 personas en medio de un paraje tan inhóspito. La kiva principal es la que se ubica en el centro de las ruinas. Emplazada justo en un punto de la estructura que queda dividida por una serie de muros sin puertas.

Bring Back Words

Ese centenar de hombres y mujeres que lograron darle vida a este rincón perdido en las mesetas áridas, parece que tuvieron un rol importante y transformaron a Cliff Palace en un centro administrativo y social de gran importancia donde las ceremonias se sucedían con regularidad.

Ken Lund

 

Ken Lund

Imagino lo maravillados que habrán estado los españoles que, varios siglos después, alrededor del 1700 se toparon con esta obra magnífica en medio de la nada. No porque los aborígenes hubieran logrado tal perfección en la arenisca (muestras de sus habilidades sobran en todo el mundo) sino porque el tiempo hubiera las conservado como testimonio del pasado. Hoy, visitarla como atractivo turístico es casi obligatorio.

Share on Pinterest

Meri Castro

Blogger todo terreno. Orgullosa madre del blog Alternativa Verde. Apasionada escribiente. / En Twitter @MeriCasro

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *