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Entre los años 1850 and 1930, Estados Unidos recibió a inmigrantes daneses que dejaban sus tierras buscando un horizonte económico más próspero. Para 1911, la crudeza del clima del medio oeste donde se habían afincado los hizo buscar una zona más benévola, que encontraron en el Condado de Santa Bárbara en California.

wangkai

Así nació Solvang, un pueblo que parece danés aunque no esté en Dinamarca. En un principio, los fundadores –dos maestros daneses- no hicieron los edificios al estilo de su tierra natal hasta que luego de la Segunda Guerra Mundial se los ocurrió la idea que crear una “villa danesa”.

La idea se la deben a Ferdinand Sorensen, quien a diferencia de lo que se podría esperar, era de la muy norteamericana Nebraska. Él vino de un viaje a Dinamarca con el propósito firme y comenzó por convertir su casa al estilo danés y la bautizó Møllebakken, Luego, construyó el primer molino. Un tiempo después, un arquitecto local llamado Earl Peterson siguió sus pasos transformando las fachadas de los edificios más viejos al estilo provincial danés.

 

Cristeen Quezon

La iniciativa de convertirse en una pequeña isla danesa en medio de América del Norte terminó haciendo de Solvang un atractivo más que curioso para el turismo. No tardaron en proliferar restaurantes, cervecerías y panaderías que convidan la gastronomía del país europeo.

Para completar la ilusión de haber viajado al país escandinavo sin haber salir de América, en un paseo nos encontraremos con una réplica de la Sirenita de Copenhague, con el busto del ilustre Hans Christian Andersen y con un observatorio Rundetårn, como el que originalmente está emplazado en la capital danesa, pero éste está hecho a escala.

El nombre de la ciudad significa “campos soleados” en danés, exactamente lo que aquellos inmigrantes vinieron a buscar en estos lugares. A principios de siglo XXI, eran cerca de 5500 personas las que habitaban esta ciudad que parece de cuentos. Cada año, un millón de turistas se acercaban para conocerla y asombrarse un poco de esta fisonomía tan pulcra, pintoresca y, claro, europea.

 

 

Kathy McGraw

Myles Grant

Jey Meydad

Hay que conocer también la Iglesia Danesa Rural, La Torre Redonda y estar atentos para poder conocer la música y los bailes tradicionales. Algo que llama la atención de todos los visitantes es una réplica de un carruaje del siglo XIX conocido como Hønen en el que se puede montar para hacer tours por las callecitas de Solvang.

Dos puntos a no perder de vista: los negocios vitinícolas que proliferaron tras la película Sideways  y la festividad anual “Días daneses” que se celebra desde 1936. Puedes agendarte el tercer fin de semana de septiembre para disfrutarlo. Todo un evento imperdible a pura gastronomía, baile, música y procesiones por el centro. El domingo del festejo, durante el desayuno se sirve un plato típico: cerdo especiado hecho bajo una estrictamente secreta receta danesa.

Ya sabes, si quieres una experiencia distinta durante tu próximo viaje a Estados Unidos, debes pasarte por este pueblo encantador en California.

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Meri Castro

Blogger todo terreno. Orgullosa madre del blog Alternativa Verde. Apasionada escribiente. / En Twitter @MeriCasro

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