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Hace unos días me puse a hablar con amigos argentinos acerca de las ciudades asiáticas y me bombardearon a preguntas: ¿Tienen subtes? ¿Son limpias? ¿Son puro edificios? ¿Son seguras? ¿Están organizadas en forma de cuadrícula? ¡¿Cómo son?! Y ahí me di cuenta: las ciudades asiáticas por las que viajé no se parecen en nada a las latinoamericanas.

En las ciudades de Asia casi no hay calles rectas, en muchas los mapas no sirven para ubicarse, en otras sirven pero los nombres de las calles (escritos en caracteres) son imposibles de leer, la mayoría tiene una mezcla muy interesante de tradicional (templos, palacios, mezquitas, casas coloniales) y moderno (edificios supersónicos, monorriel, subtes con aire acondicionado y sin conductores, más edificios supersónicos) y todas tienen esa vida callejera tan típica del continente asiático.

Si me dieran a elegir, me teletransportaría ya mismo a las siguientes cinco ciudades.

1. Bangkok (Tailandia)

“…para cruzar la calle, nada mejor que caminar al lado de un local y seguirle el ritmo. Si nos pisan, al menos somos dos…”

Bangkok fue mi introducción a Tailandia y a Asia. Aterricé después de 35 horas de viaje y no voy a negarlo: me sentí un poco intimidada. Es una ciudad gigantesca (la Ciudad de Buenos Aires entra unas ocho veces en su territorio), tiene 9 millones de habitantes, un ritmo frenético y una temperatura agobiante. La primera vez que salí del hostel no me animé a cruzar la calle por miedo a morir entre la marea de motos. La segunda vez que salí pensé que si corría, tal vez podía llegar a la otra vereda ilesa. Y la tercera vez me avivé: para cruzar la calle, nada mejor que caminar al lado de un local y seguirle el ritmo. Si nos pisan, al menos somos dos.

Pero Bangkok me sorprendió: en medio del caos y el acelere encontré wats (templos budistas), palacios con jardines, altares bajo los árboles, gente dejando ofrendas, monjes caminando por los mercados… Y, lo que más me gustó: puestitos de comida a cada paso. En Bangkok, donde mejor se come, es en la calle. Daría todo por estar sentada en alguna vereda comiendo un plato de pad thai y mirando a la gente pasar.

2. Kuala Lumpur (Malasia)

“…En “KL” es imposible leer un mapa. Las calles dan tantas vueltas que la gente no se guía por cuadras (calles) sino por “minutos de caminata” y “edificios que sobresalen”…”

Fui a Kuala Lumpur cinco veces. Cinco. Y jamás me aburrí. No es que sea fanática, lo que pasa es que, en el Sudeste Asiático, la mayoría de los vuelos de bajo costo salen de/llegan a/hacen escala en Kuala Lumpur. Entonces, cada vez que tenía que tomarme un vuelo aprovechaba y me quedaba unos días en la capital malaya.

En “KL” es imposible leer un mapa. Las calles dan tantas vueltas que la gente no se guía por cuadras sino por “minutos de caminata” y “edificios que sobresalen”: “caminá cinco minutos hacia allá, después buscá las Torres Petronas con la mirada y andá hacia ellas”. Como dicen los malayos, en Malasia “it’s all about food” y en KL hay dos actividades: comer y comprar. Sería un pecado no probar la gastronomía de cada uno de los grupos culturales que conforman al país (malayos, chinos-malayos, indios-malayos). Así que eso hice, y creo que por eso es que jamás me canso de volver.

Kuala Lumpur, ciudades de Asia

3. Hong Kong (China)

“…hay más gente viviendo o trabajando arriba del piso 14 que en cualquier otro lugar de la Tierra…”

La primera vez que vi Hong Kong desde el cielo sentí que había vivido toda mi vida en el campo, sentí que haber crecido en Buenos Aires no me había preparado para enfrentarme a un lugar así. Imaginen una isla chiquita, inserta entre mar, bosques y montañas. Imaginen ahora unos 7600 rascacielos, todos juntos en un racimo. Ahora, planten todos esos edificios en esa islita: he aquí Hong Kong, la ciudad más vertical del mundo (eso significa que hay más gente viviendo o trabajando arriba del piso 14 que en cualquier otro lugar de la Tierra).

No sé cómo lo logra, pero Hong Kong es puro glamour, es la ciudad más a la moda y más cool que conocí en mi vida. Las calles son pasarelas y los espejos están por todos lados (muchos afirman que se usan para lograr un buen feng shui y repeler a los espíritus malignos, pero yo creo que están puestos en todos los rincones del espacio público para que la gente pueda contemplarse). Hong Kong no se queda en lo superficial, es, además, una ciudad con templos y religiosidad, es uno de los Hollywood de Oriente y un lugar donde la cultura china sobrevivió a la Revolución Cultural.

Foto de Hong Kong

4. Chengdu (China)

“…no podía pedirle indicaciones a nadie ni leer un mapa. No sé cómo hice, pero lo logré. Y, a la vez, descubrí una ciudad china con muchos rincones interesantes…”

Aterricé en esta ciudad de China central a medianoche, sola, sin hablar una palabra de chino. Y apenas me tomé un taxi e intenté comunicarme con el conductor (que, claramente, no hablaba inglés) me di cuenta del desafío que tenía por delante: iba a viajar un mes de manera independiente por China sin saber ni lo más básico del idioma.

Moverme sola por Chengdú —una de las ciudades más extra-large que visité— fue muy frustrante. Era invierno, todo estaba gris, las cuadras eran inmensas (por lo menos 300 metros de largo, aunque ahí sí se podía hablar de calles rectas), los edificios eran bloques de concreto monumentales (y uno igual que el otro), el paisaje urbano parecía ser siempre el mismo, me costaba pedir comida porque no podía leer ningún menú, no podía pedirle indicaciones a nadie ni leer un mapa. No sé cómo hice, pero lo logré. Y, a la vez, descubrí una ciudad china con muchos rincones interesantes: barrios tibetanos, casas de té, reservas de pandas, templos. Y, a pesar de las dificultades que pasé, volvería, sin dudas, a caminar por esas veredas enormes.

Foto Chengdu, China

5. Vientián (Laos)

“…es más tranquila que un pueblo costero en invierno, no tiene edificios, no tiene caos de tráfico (creo que ni siquiera tiene tráfico)…”

Olvídense de todo lo que dije acerca de las ciudades asiáticas: eso de que son súper-modernas, caóticas, aceleradas, intrincadas. Puede que muchas sean así, pero hay una que rompe el molde: Vientián.

Si bien es la capital de Laos (y, en teoría, “la gran ciudad” del país), es la antítesis de cualquier ciudad capital que haya conocido: es más tranquila que un pueblo costero en invierno, no tiene edificios, no tiene caos de tráfico (creo que ni siquiera tiene tráfico), no tiene ruido. Está repleta de templos budistas y palacios, aún conserva la herencia colonial francesa (en su arquitectura y sus cafecitos) y tiene, también, mercados al aire libre y puestos de comida al lado del río. Es tan pero tan pacífica, que ni siquiera los conductores de tuk-tuk (famosos en otras partes de Asia por su insistencia) se molestan en convencer a los potenciales pasajeros de que se suban a sus carritos. Vientiane es la tranquilidad en persona y tiene un silencio que ninguna otra capital asiática conoce.

Aniko Villalba

http://viajandoporahi.com

twitter: @viajandoporahi

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5 Comentarios

  1. Pingback: Bitacoras.com
  2. buenas

    Yo añadiría Kathmandú, es una ciudad que camina entre dos épocas, y esta llena de rincones llenos de historia. A parte de que su gente es encantadora.

  3. hola, me pareció muy interesante y concreto tu relato de viaje por Asia, ojala podamos saber más sobre lo que has visto, imagenes, arquitectura, anecdotas, etc.. chao y cuidate mucho..

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