Traveler

Mi encuentro con Iruya (un pueblo perdido en la montaña en Argentina)

28 Jun
2012
Escrito por: Meri Castro / Blogger todo terreno. Orgullosa madre del blog Alternativa Verde. Apasionada escribiente. / En Twitter @MeriCasro

En el primer viaje que hice con mi novio al Norte Argentino la inexperiencia hizo que mi encuentro con Iruya, el pueblo perdido en la montaña en Argentina, tuviese que esperar. Es que llegamos a Humahuaca, la ciudad jujeña desde donde salen los micros, sin saber ni los horarios de partida ni mucho menos que las condiciones climáticas hacían que los servicios se suspendieran.

De manera que en ese primer viaje, sólo nos quedamos mirando la cartelera en la terminal de ómnibus con un gusto amargo porque los tiempos no daban para ir hasta Iruya y volver sin ser atrapados allí por una tormenta que se venía presagiando y que terminó de concretarse unas horas después mientras volvíamos de la Quebrada a Salta.

Tuvieron que pasar dos años para tener la revancha. Por lo general, Iruya es la frutilla del postre luego de recorrer los pueblos que componen la Quebrada de Humahuaca que son Patrimonio de la Humanidad. Es decir que se comienza por conocer Purmamarca y el Cerro de los Siete Colores, se pasa por Tilcara y Humahuaca, desde donde se parte hacia el pueblo perdido en la montaña que está en Salta pero al que sólo se accede desde este extremo de Jujuy. Ya les había contado más en detalle las maravillas de esta región en un post anterior, ¿recuerdan?

Los micros salen por la mañana y a primeras horas de la tarde. Hay dos compañías entre las que elegir. No se sorprendan al ver que el transporte no es de lo más moderno ni los asientos muy cómodos, baste con sabernos que son lo suficientemente fuertes y pesados como para andar por los caminos angostos, de ripio y precipicio que se atravesarán.

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Son algo más de tres horas que pondrán a prueba tu capacidad de asombro. Habrá una parada antes de encarar el camino más complicado, así que no dudes en bajar a usar el toilette ni en proveerte de algo de tomar y comer. Tras ello el colectivo empieza a andar por una cinta pequeña de tierra que se recorta serpenteante en el contorno de los cerros. El paisaje más maravilloso de lomas verdes y picos nevados, el desnivel de tierras que se abre en el horizonte te dejará sin aliento. Disfruta cada minuto de ese viaje, esa es mi recomendación.

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El aire es frío y limpio y el cielo parece tan cercano que la experiencia parece surreal. Antes de entrar a Iruya hay que ver si el ancho río está de ánimos calmos como para dejarnos cruzar con el vehículo o si nos obliga a llegar a la otra orilla metiendo las piernas en el lodo. En nuestro caso, tuvimos suerte y el colectivo pasó por sobre el curso de agua que bullía en las ruedas.

Al llegar a Iruya, nos reciben los vecinos ofreciendo alojamiento. No hay muchos hoteles aquí y los que los hay no son tan económicos. Nosotros elegimos una habitación en una casa de familia muy modesta aunque si prefieres puedes acampar.

Iruya está colgada de la montaña, literalmente. El único lugar “plano” es donde está la iglesia característica y donde todos se sientan a hacer picnic, tocar la guitarra y descansar. Es que para andar por las calles adoquinadas y casi verticales hay que juntar valor y aire, algo que se pierde fácil trepando por este pueblo. En las casas de familia los salones se transforman en comedores. Eso sí, procura llegar a la hora precisa del almuerzo, desayuno o cena o ya no te atenderán. Son muy estrictos con esto.

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Lo recomendado no es sólo recorrer cada partecita del pueblo sino también aventurarse hasta un pueblito aún más en las entrañas de la montaña llamado San Isidro Labrador. Requiere una larga caminata a la vera del río por lo cual les sugiero averiguar bien antes de salir. No hagan como nosotros que nos mandamos sin saber y tuvimos que volver a medio camino, otra vez, corridos por la lluvia que amenazaba y con unas ganas enormes de conocerlo. Habrá que volver otra vez, seguro.

Tanto esperar por llegar a este lugar tan único para que el clima no acompañara no hizo que la experiencia fuera menos inolvidable. En verano es la época lluviosa así que ten en cuenta que puede pasarte que se te pasen por agua los planes.

Es raro que uno, estando allí, no logre asimilar lo lejos de todo del mundo conocido que se está. Más aún, no logré tomar perspectiva de lo increíble de Iruya hasta ver las fotos un tiempo después. A horas de viaje de otra ciudad por un camino dificilísimo de transitar, es increíble que haya prosperado una comunidad de ningún tipo aquí. La paz del lugar es todo. Las laderas de la montaña nos abrazan sin que entendamos que estamos aislados del mundo que conocemos pero estando más en contacto con la tierra que en ninguna otra oportunidad. Iruya es un sueño que, cada vez que vuelvo a soñar, más me llama a volver.

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2 Responses to Mi encuentro con Iruya (un pueblo perdido en la montaña en Argentina)

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Jose @ Tierras Patagonicas

June 28th, 2012 at 3:39 pm

Sin duda un lugar excepcional, tienes razón en que la sensación de paz y aislamiento se hace más patente con el tiempo, cuando uno recuerda el tiempo que paso alli, a mi me pasó exactamente lo mismo.

Les dejo mi propia foto del camino y del famoso micro:

http://www.flickr.com/photos/64644610@N04/5912370457/in/photostream

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enrique loaeza

July 8th, 2013 at 2:23 pm

Desde México estaba buscando relatos de viajes en Argentina y Chile y me topé con el suyo. Me encantó. Escasas veces me tomo la molestia felicitar un blog, pero esta vez sí, se lo merece por la calidad de las fotografías et de los comentarios. Así que y lo voy a decir en mi legua de nacimiento: merci beaucoup.

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